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lunes, 6 de enero de 2014

20 Días...




CAPÍTULO 1:





Día uno: El amor en la puerta.




Su padre estaba sentado en el living de la casa leyendo el periódico como cada mañana. Alejandro se acercó a él como siempre a esperar que termine de leer para levarlo al primer día de escuela. El clima estaba ideal, un típico sol de invierno con la temperatura adecuada para llevar su nuevo buzo al colegio y mostrarles a sus amigos.
Su madre no se encontraba en casa, había salido a trabajar el medio turno que tenía. De tarde. Su padre trabajaba a la par de la madre, pero este lo hacía de mañana. Ambos con la misma profesión, profesores de secundaria. Su madre, enseñaba ciencias sociales, como geografía e historia en diversos módulos durante la tarde. Por otro lado, su padre se especializaba en Ciencias Políticas. Los dos en escuelas diferentes.
Alejandro:   Hey pá – mascullo Alejandro – ya es hora de que me lleves a la escu.
Luis (padre):   Bien hijo – le dijo sonriendo – vámonos, o llegaras tarde.
Los dos subieron al auto y fueron  directo al colegio. Todo iba bien ese día, transcurría como cualquier otro. Alejandro se encontraba ansioso por volver a ver a sus amigos y amigas. Ingrid, Romina, Alberto y Antonio. Sus fieles compañeros desde jardín de infantes.
Llegaron al colegio. La Escuela Normal, el edificio que se hacía notar más que cualquier otro  de  pueblo. La madre de los edificios grandes y estructuras del siglo XIX. Probablemente el mejor colegio público de todo Santo Tomé, Corrientes.
Alejandro:  Bien pá, gracias por traerme – se saludaron de manos
Luis (padre):   Acodarte de que a la vuelta vas caminando, no voy a poder buscarte porque tengo que ir por tu mamá -  le comento – hasta que su auto esté bien arreglado.
Alejandro:   Dale, no hay drama – exclamó Alejandro – igual es mejor así me voy con mis amigos.
Luis (padre):    Nos vemos en casa – concluyó el padre.
Alejandro:       Dale, de una – contesto el hijo.          

La relación era buena. Como de cualquier padre e hijo con gustos musicales del mismo estilo y una onda juvenil que se dispersa en el aire. Alejandro entro por el portón principal de la escuela, y de inmediato divisó a sus amigos.

Ingrid:     ¡Ale! – gritó Ingrid – ¡ven!

En ese llamado acudió como lo hacen todos los chicos, por instinto de que tendrán mucho de qué hablar.

Alejandro: Chicos, como están – dijo – tanto tiempo chabones.
Antonio:   Si demasiado – balbuceo Antonio.
Alejandro:  Y, como  están – exclamo.
Romina:  Bien, por suerte – empezó Romina – unas buenas vacas, y vos qué onda?.
Alejandro:  Todo tranqui, como siempre, viviendo de música – respondió.
Ingrid:  Che, dicen que hay una chica nueva en clase – dijo Ingrid.
Romina: Si, dicen que repitió tanto que si lo hace de nuevo tendrá que abandonar la escuela – chismeó Romina.
Alejandro: Por qué? dicen que repitió mucho? -  añadió Ale.
Ingrid: Tiene 17 años, me estas cargando – dijo irónica Ingrid – es re burra la mina.
Antonio:  Digan lo que digan, pero según escuche esta tremenda – repuso Antonio.
Alberto: Si yo también – dijo Alberto en un gesto de confirmación al comentario de su amigo.
Alejandro: Puede ser, solo espero que no sea tan perra – acribillo por último Alejandro.

El timbre sonó y marcó la hora de entrar al cole. Subieron escaleras arriba, Ingrid casi tropieza pero se agarra del barandal para contener su casi caída. Llegaron al final de la subida y entraron en el curso de su derecha. Cada uno tomo un banco y se sentó en el mismo orden que el año pasado. En una misma fila todos los amigos de Alejandro. Por la otra estaban Luna, Raquel, Juana y Tadeo. Más allá se encontraban Gustavo, Julieta, Ramona y los dos hermanos Ismael y Leonela. A lo último entró un chico nuevo, no era obviamente el de los comentarios afuera sino que era un tipo miedoso de sí mismo, blanco como papel y de cachetes colorados.

Tadeo:   Cómo te llamas – le interrogó Tadeo.
Ignacio: Ignacio – musito el chico
Raquel: Siéntate allá, solo, hasta que conozcamos bien tus mañas – le escupió Raquel.
La profesora llegó y para sorpresa de todos y del mismo Alejandro, la mujer que entró era su propia madre.
Adriana: Buen día chicos – saludo Adriana.
“todos”: Buen día – contestaron todos.
Adriana: Hoy soy suplente, no se mañana – dijo la profe – así que no te asuste hijo – concluyo su frase.
Alejandro: Dios mío, que me trague tierra – pensó en vos alta Ale.
Adriana: Hoy hay compañera nueva – notifico Adriana – se llama Florencia y en un momento va a llegar.

Ese instante que insinuó la llegada de la chica fue mínimo. Cuando la profe estaba escribiendo la fecha en el pizarrón, la puerta de la clase se abrió y Alejandro diviso a lo que más adelante no solo sería su perdición sino también su AMOR.
La chica se sentó detrás de Ignacio. La profe dispuso que diga su nombre en la clase, ella no la escuchaba por sus auriculares. Entonces se acercó y se los quitó en un tirón con una mirada fría. A la chica no le movió un pelo y siguió en su mundo. Sacó sus elementos para escribir y se zambulló en eso.
En el otro extremo Alejandro la miraba, sentía una sensación que nunca creyó que podía sentir. Mariposas en el estómago y otras cosas. La pregunta de Antonio de volvió a la realidad.

Antonio: Préstame tu corrector – dijo.
Alejandro: Si agarra nomas – contesto.

*****
El timbre del recreo sonó. Todos salieron. Alejandro siguió a la chica hasta la salida, y observó que se marchaba dentro de un auto. Y desde ese momento no la volvió a ver durante todo lo que restaba de escuela. 



Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013-2014

lunes, 30 de diciembre de 2013

Recuerdos de un Pasado Olvidado.



No cuesta nada recordar. Más cuestas recrear un recuerdo muerto, olvidado en el lecho de uno mismo. Así me encontraba yo, recordando aquellos momentos olvidados, momentos lejanos de mi mismo. Me sentía como una fuerza de energía o más bien que una energía corría por mi ser recreando imágenes que ya nadie se acordaba.
Aquel día en que le pregunte a mucho de mis amigos que se sentía ser diferente a todos. Un golpe. El golpe que cada uno recibe, en un momento determinado de la vida; una vida llena del miedo de ser ignorado, olvidado por todos, y solo conformarse con tener más que un solo amigo, o más bien no tener ninguno.
Una amiga pasaba y no contuve el grito:
- ¡Angélica!
- ¿Qué pasa Antonio? - dijo.
- ¿Qué se siente ser olvidado por todos, por casi todos? - pregunte.
No sabia que decirme, su rostro reflejaba todo. Todo lo que el rostro de una persona que jamás fue olvidada por alguien, eso podía observar.
- No se, si lo sabría te contestaría con mucho gusto - respondió, marchándose.
Recordé  en ese momento, un consejo dicho por mi madre " Si alguien te olvida, tú olvídate de la persona que se ha olvidado de ti, ignorándola en cada momento, pues así se dará cuenta de que cuando te necesite, se dirá a si mismo, Jamas debí haberte olvidado".
Corrí hacia la biblioteca (puede sonar raro pero es el único lugar en donde me puedo concentrar) En ese instante, observe como un chico pedía comida en la casa de un señor. Mire. Mire muy atentamente como era despreciado y seguramente olvidado por todos.
- ¡Oye! - le grite - Ven - se acercó - ¿Qué te ha dicho ese hombre sin corazón?
El niño asustado con lágrimas en los ojos contesto:
- Nada, solo me corrió, me reto, y se olvidó de que me tenía que dar una recompensa, porque le cumplí un favor que me pidió - y se alejo corriendo.
Lo trate de alcanzar, para darle unas monedas, pero no lo pude alcanzar.
Cuando entré a la biblioteca, le pregunte a Rosa, la bibliotecaria, ¿Qué se sentía ser olvidado?
No me respondió pero me hizo una señal de que la siguiera y me entregó una nota que decía "No Olvides el Olvido". Pensé. Pensé mucho tiempo lo que eso quería decir, pero no lo comprendí.
Al día siguiente en el colegio, pregunte a varios de mis amigos que entendían por esa frase. Nadie supo contestar. Solo un profesor que me llamo:
- ¿ Qué haces?
- Solo quiero saber, si en algún momento, alguien se sintió solo u olvidado por alguien - agache la cabeza y proseguí - como muchos se han olvidado de mí.
- Sígueme - dijo el profesor.
Aterrado, pero con ganas de saber a dónde me llevaría, lo seguí. Llegamos a su casa, me pidió que me sentara y que lo esperara. Asustado de la situación, decidí ver la casa, cuando el profesor se fue a su habitación.
Observé que tenía varias cosas colgando en su sala de estar, cosas que tenían varios significados, una de ellas era la Grulla de Papel, del tamaño de un televisor pequeño. Yo muy sorprendido, observe atento aquella magnífica escultura y recordé que los Chinos, hacen estas obras de papel con un significado de AMOR, PAZ y con el objeto de conceder algún deseo propio o desearle algo a otra persona.
- ¿Quién le habrá obsequiado esta hermosa Grulla? - pregunte en voz alta.
Debió ser una persona que lo amaba mucho, o que le desea una hermosa vida. En ese momento, el profesor me dijo:
- Hermosa, ¿No?
- Si - dije.
- Me la obsequió Dios - exclamo.
- ¿Dios? - dije desconcertado
Me dijo que un día, en el campo de su padre, una figura se asomó a él y le regalo tan bella obra de arte, diciéndole:
- Jamás te sientas solo u olvidado, pues yo jamás te olvidaré.
Lo contó con tanta seriedad que le creí.
En ese instante me dio un papel con la frase "No Olvides el Olvido". Salté del sofá con un grito en la boca. Me dio un papel con la misma frase que me dio Rosa en la biblioteca.
- Como es posible - dije
- No te lo diré, eso lo averiguarás tú, por lo pronto te diré que confíes en ti mismo.
Salí corriendo y llegue a mi casa, me encerré en mi cuarto  y me puse a pensar en todo lo ocurrido allí, en la casa del profesor,en la biblioteca y en el colegio, también recordé a aquel pequeño niño pobre que hacía cualquier cosa con tal de saciar su hambre.
Me dormí.
Al día siguiente, fui a buscar al profesor a su casa. No lo encontré.
Frustrado me fui al río, a pensar un poco. Me dormí. Y soñé.
Soñé con la grulla, con Hiroshima. Me desperté.
Al abrir los ojos vi una sombra, era Rosa, pero no estaba sola, si no que acompañada por el niño pobre.
- ¿ Qué hacen aquí? - dije - ¿Cómo es que se conocen?
- Mira quién esta allí - señalaron a un hombre.
- Ve a preguntarle sobre el olvido - dijo el niño.
Me levante y fui hasta la figura, para mi sorpresa era el profesor.
- Jamás te olvidaré y nadie lo hará jamás, no te sientas solo pues yo estoy aquí, a tu lado, protegiéndote, junto con tu ángel de la guarda.
- Eres un DIOS. Mi DIOS - dije
- No - contesto - soy el Dios de todos, pero igual te seguí a ti para que sepas que eres grande, tan grande como río detrás de mí y que jamás nadie te olvidará, si no que solamente no te querrán cerca, pues algún problema han de tener, o solo están de mal humor.
En ese instante, Rosa y el niño tocan mi hombro.
- Y nosotros, somos tus ángeles - dicen.
En ese momento entendí todo. Cada uno de ellos representaba algo en mí. Rosa, era mi ser inteligente, el que siempre querrá saber todo. El niño, era mi lado débil, la parte que se emociona de todo, la bondad que me rodea siempre y que me hace más bueno día a día.
Y el profesor, mi parte misteriosa, que dejaba siempre una inquietud en todos, una incógnita que incluso yo debo resolver.
"Nunca Olvides el Olvido", la frase que tanto pensé, tenia su sentido al fin. Se refería  a que jamás deje de ser quien era y que nunca olvide de donde provengo y de las cosas que me hacen bien, y que me hará feliz el resto de la vida.
Corrí hasta mi casa, pensando en todas esas conclusiones. Al legar, pedí perdón a todos. Y pedí perdón al cielo, un perdón dedicado a todas las personas que me hicieron o hice algún mal, en algún momento de mi corta vida.
Recordar me deja una enseñanza que en la cual, yo,  todos, nunca debemos olvidar aquellos buenos momentos que vivimos junto a nuestros seres queridos y dejar que DIOS y el destino decida por nosotros; puesto que durante tanto tiempo el hombre dejó atrás sus creencias y olvidó que lo más importante en la vida no es el estar bien para todos, sino que lo más importante es jamás olvidar a nuestra familia, amigos y a todas las personas que nos rodean, para así tener un mundo y un ambiente apto para todos.





Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013



domingo, 29 de diciembre de 2013

Una Palabra Olvidada...




Esto me pregunto muy a menudo.
¿Qué nos paso? ¿Por qué hemos cambiado? ¿Qué sucedió con esos juegos y esos amigos de siempre? ¿Qué paso con la FELICIDAD? ¿Que nos sucede como sociedad, tan rápido hemos caído en la maquiavelista tecnología actual?
Como personas tenemos la conciencia de los bueno, lo malo, lo que se debe o no hacer y eso lo transmitimos a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc. Pero de todas las cosas que aprendemos, de todas las cosas que transmitimos como enseñanza hacia los demás, nos olvidamos de algo. De dar a conocer algo verdaderamente importante, algo por o cual estamos obligados a tener, un derecho divino, que no se debe de quitar.
La FELICIDAD.
Hoy en día, vemos las noticias y  cada segundo escuchamos muerte, robo, violación, represarias,  protestas por derechos. Pero te haz preguntado ¿No les hará falta ser feliz?
Debes de pensar que esa es una pregunta estúpida, pero en realidad no. El hombre como tal vino al mundo a ser feliz a cumplir sus sueños, no vino a ser un esclavo mismo de las miles de propagandas brindadas por el sistema.
Antes podíamos ver a un hombre y su mujer felices, dando regalos como muñecas, pelotas a sus hijos, cosas con las que, como decirlo, te ensuciabas al jugar y eras de lo más feliz. De niño nada te preocupaba, todo era igual, no pensabas en los que los demás decían, tu cuerpo era tu cuerpo y no buscabas cambiarlo para entrar en un grupo. Solo jugabas con tus amigos de barrio, corrías por doquier manchándote la ropa y tu única preocupación era que tu mamá no se enoje si no respondías a sus gritos, sus llamados.
En ese tiempo solo ibas al baño, te bañabas, merendabas o cenabas y corrías a tu pieza a mirar la tele un rato hasta dormirte, pensando que al otro día todo iba a ser igual al anterior.
¿Qué nos sucedió? ¿Cómo pudimos haber perdido toda esa verdadera felicidad?
El marketing, las publicidades, las nuevas tecnologías nos transformaron en un ser al que solo veíamos en las películas, una bestia no pensante que se guiaba por el instinto; somo, con todo lo que nos rodea, un zombie. Personas que solo piensan en tener el último teléfono, tablet, computadora, play, juegos, etc.
Donde quedo eso de ser felices con poco. Ahora tu sales por la calle y ves a niños y niñas de siete años con teléfonos de ultima tecnología. Vas a una fiesta y no ves chicos corriendo alegres o adolescentes charlando del futuro o de algún libro interesante, solo observas estos Zombies tecleando en un aparato que no tiene sentido, comunicándose el uno con el otro sin darse cuenta que están cerca y que pueden hablar de frente.
Todos somos prisioneros de esto, y me incluyo. A veces te olvidas de hacer ciertas cosas, pero jamás te olvidas de tu teléfono.
Recuerdo que Jhon Lennon una vez dijo: "En la escuela me preguntaron que quería ser cuando sea grande. Yo conteste SER FELIZ. Me dijeron, no entendiste la pregunta. Y respondí, usted no entiende la vida."
No podría ser más claro, nadie entiende la vida. La gente espera mucho tiempo para el viernes, mucho tiempo para las vacaciones, mucho tiempo para viajar. Pero nadie espera ser feliz.
Comprendo que actualmente es difícil serlo, pero, por lo menos lo haz intentado.
Uno se da cuenta que no hay más felicidad cuando espera con ancianas la Navidad y se da cuenta que luego del brindis, todos se levantan de la mesa y se van. No festejan como antes, esos bailes en familia y esos juegos de cartas que amanecían.
YA NADA ES IGUAL.
Olvidamos de enseñar a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc; que sean FELICES.
Que si no logras cumplir un sueño, no te frustres, la vida sigue, el mundo seguirá girando, pero tu vida es una sola, no la desperdicies y se FELIZ, porque en verdad vale la pena... ya que no es bueno llegar a los 80 años sentarse en una silla y decir: "Hice mucho para llegar lejos, para tener todo, pero nunca luche por ser FELIZ"...




Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013