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lunes, 30 de diciembre de 2013

Recuerdos de un Pasado Olvidado.



No cuesta nada recordar. Más cuestas recrear un recuerdo muerto, olvidado en el lecho de uno mismo. Así me encontraba yo, recordando aquellos momentos olvidados, momentos lejanos de mi mismo. Me sentía como una fuerza de energía o más bien que una energía corría por mi ser recreando imágenes que ya nadie se acordaba.
Aquel día en que le pregunte a mucho de mis amigos que se sentía ser diferente a todos. Un golpe. El golpe que cada uno recibe, en un momento determinado de la vida; una vida llena del miedo de ser ignorado, olvidado por todos, y solo conformarse con tener más que un solo amigo, o más bien no tener ninguno.
Una amiga pasaba y no contuve el grito:
- ¡Angélica!
- ¿Qué pasa Antonio? - dijo.
- ¿Qué se siente ser olvidado por todos, por casi todos? - pregunte.
No sabia que decirme, su rostro reflejaba todo. Todo lo que el rostro de una persona que jamás fue olvidada por alguien, eso podía observar.
- No se, si lo sabría te contestaría con mucho gusto - respondió, marchándose.
Recordé  en ese momento, un consejo dicho por mi madre " Si alguien te olvida, tú olvídate de la persona que se ha olvidado de ti, ignorándola en cada momento, pues así se dará cuenta de que cuando te necesite, se dirá a si mismo, Jamas debí haberte olvidado".
Corrí hacia la biblioteca (puede sonar raro pero es el único lugar en donde me puedo concentrar) En ese instante, observe como un chico pedía comida en la casa de un señor. Mire. Mire muy atentamente como era despreciado y seguramente olvidado por todos.
- ¡Oye! - le grite - Ven - se acercó - ¿Qué te ha dicho ese hombre sin corazón?
El niño asustado con lágrimas en los ojos contesto:
- Nada, solo me corrió, me reto, y se olvidó de que me tenía que dar una recompensa, porque le cumplí un favor que me pidió - y se alejo corriendo.
Lo trate de alcanzar, para darle unas monedas, pero no lo pude alcanzar.
Cuando entré a la biblioteca, le pregunte a Rosa, la bibliotecaria, ¿Qué se sentía ser olvidado?
No me respondió pero me hizo una señal de que la siguiera y me entregó una nota que decía "No Olvides el Olvido". Pensé. Pensé mucho tiempo lo que eso quería decir, pero no lo comprendí.
Al día siguiente en el colegio, pregunte a varios de mis amigos que entendían por esa frase. Nadie supo contestar. Solo un profesor que me llamo:
- ¿ Qué haces?
- Solo quiero saber, si en algún momento, alguien se sintió solo u olvidado por alguien - agache la cabeza y proseguí - como muchos se han olvidado de mí.
- Sígueme - dijo el profesor.
Aterrado, pero con ganas de saber a dónde me llevaría, lo seguí. Llegamos a su casa, me pidió que me sentara y que lo esperara. Asustado de la situación, decidí ver la casa, cuando el profesor se fue a su habitación.
Observé que tenía varias cosas colgando en su sala de estar, cosas que tenían varios significados, una de ellas era la Grulla de Papel, del tamaño de un televisor pequeño. Yo muy sorprendido, observe atento aquella magnífica escultura y recordé que los Chinos, hacen estas obras de papel con un significado de AMOR, PAZ y con el objeto de conceder algún deseo propio o desearle algo a otra persona.
- ¿Quién le habrá obsequiado esta hermosa Grulla? - pregunte en voz alta.
Debió ser una persona que lo amaba mucho, o que le desea una hermosa vida. En ese momento, el profesor me dijo:
- Hermosa, ¿No?
- Si - dije.
- Me la obsequió Dios - exclamo.
- ¿Dios? - dije desconcertado
Me dijo que un día, en el campo de su padre, una figura se asomó a él y le regalo tan bella obra de arte, diciéndole:
- Jamás te sientas solo u olvidado, pues yo jamás te olvidaré.
Lo contó con tanta seriedad que le creí.
En ese instante me dio un papel con la frase "No Olvides el Olvido". Salté del sofá con un grito en la boca. Me dio un papel con la misma frase que me dio Rosa en la biblioteca.
- Como es posible - dije
- No te lo diré, eso lo averiguarás tú, por lo pronto te diré que confíes en ti mismo.
Salí corriendo y llegue a mi casa, me encerré en mi cuarto  y me puse a pensar en todo lo ocurrido allí, en la casa del profesor,en la biblioteca y en el colegio, también recordé a aquel pequeño niño pobre que hacía cualquier cosa con tal de saciar su hambre.
Me dormí.
Al día siguiente, fui a buscar al profesor a su casa. No lo encontré.
Frustrado me fui al río, a pensar un poco. Me dormí. Y soñé.
Soñé con la grulla, con Hiroshima. Me desperté.
Al abrir los ojos vi una sombra, era Rosa, pero no estaba sola, si no que acompañada por el niño pobre.
- ¿ Qué hacen aquí? - dije - ¿Cómo es que se conocen?
- Mira quién esta allí - señalaron a un hombre.
- Ve a preguntarle sobre el olvido - dijo el niño.
Me levante y fui hasta la figura, para mi sorpresa era el profesor.
- Jamás te olvidaré y nadie lo hará jamás, no te sientas solo pues yo estoy aquí, a tu lado, protegiéndote, junto con tu ángel de la guarda.
- Eres un DIOS. Mi DIOS - dije
- No - contesto - soy el Dios de todos, pero igual te seguí a ti para que sepas que eres grande, tan grande como río detrás de mí y que jamás nadie te olvidará, si no que solamente no te querrán cerca, pues algún problema han de tener, o solo están de mal humor.
En ese instante, Rosa y el niño tocan mi hombro.
- Y nosotros, somos tus ángeles - dicen.
En ese momento entendí todo. Cada uno de ellos representaba algo en mí. Rosa, era mi ser inteligente, el que siempre querrá saber todo. El niño, era mi lado débil, la parte que se emociona de todo, la bondad que me rodea siempre y que me hace más bueno día a día.
Y el profesor, mi parte misteriosa, que dejaba siempre una inquietud en todos, una incógnita que incluso yo debo resolver.
"Nunca Olvides el Olvido", la frase que tanto pensé, tenia su sentido al fin. Se refería  a que jamás deje de ser quien era y que nunca olvide de donde provengo y de las cosas que me hacen bien, y que me hará feliz el resto de la vida.
Corrí hasta mi casa, pensando en todas esas conclusiones. Al legar, pedí perdón a todos. Y pedí perdón al cielo, un perdón dedicado a todas las personas que me hicieron o hice algún mal, en algún momento de mi corta vida.
Recordar me deja una enseñanza que en la cual, yo,  todos, nunca debemos olvidar aquellos buenos momentos que vivimos junto a nuestros seres queridos y dejar que DIOS y el destino decida por nosotros; puesto que durante tanto tiempo el hombre dejó atrás sus creencias y olvidó que lo más importante en la vida no es el estar bien para todos, sino que lo más importante es jamás olvidar a nuestra familia, amigos y a todas las personas que nos rodean, para así tener un mundo y un ambiente apto para todos.





Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013



domingo, 29 de diciembre de 2013

La última noche en las sombras



Odio, temor, miedo, escalofríos. Todos estos sentimientos se guardaban y se resquebrajaban en mi interior. Mi alma, mi cuerpo y mi corazón se juntaban para generarme más sentimientos, más rencor en mi interior. Acostada en mi cama, trataba de olvidar todo lo ocurrido esa noche, y todos los otros días pasados. No podía dormir, no descanse en toda la noche. Jamás podría olvidar aquello ocurrido. Un hecho que me marca a una persona para siempre.
La última noche debajo de las sombras; esas sombras frías, oscuras y dominantes. Sombras capaces de llevarte o arrastrarte debajo de un hombre maldito, loco, endemoniado, devastado por lucifer.
La muerte misma asechaba los ojos de aquel lunático que al hablarme solo dijo: "Te sigo donde sea, te vigilo donde sea, te sorprendo cuando menos lo imaginas".
Esas palabras me asechaban cada vez que dormía, o cada vez que recuerdo la sombra de ese hombre, una sombra que desaparecía en los más oscuros rincones.

Me acorde de todo esto cuando esa noche acosada, decidí escribir lo que me había ocurrido esos días. Tal vez, solo escribía para dejar narrada una historia, o solo para dejarla y que otra persona lo leyera en algún momento. Sea cual sea lo que ocurra con esta carta; las palabras que aquí yacen son para demostrar que todo lo paranormal existe.

"Una noche, caminaba por una de las plazas más hermosas de Chile, La Plaza de las Armas, cuando observe cerca de una fuente un cuerpo quejándose, llorando. Me acerque y al hacerlo tenía el rostro desfigurado, desgarrado. 
No supe que hacer, busque mi teléfono, pero como por arte de magia se había apagado y no lograba encenderlo. Me asuste. Salí corriendo de allí, observando a ese hombre, pero me sorprendió ver que llevaba con sigo un enorme cuchillo lleno de sangre. 
Mi corazón se aceleró y trate de seguir con mi paso.
De pronto, me sujeta del brazo y trato de liberarme, me empujo caí al suelo y en ese instante la sombra de su mano se acercaba a mi pecho, una sombra con un cuchillo en mano. Trate de defenderme, luchando contra el tipo y haciendo que suelte el arma; no tenia demasiada fuerza pero su instinto asesino lo volvía fuerte.
Mi desesperación hizo que pateara la cara del tipo y con el tiempo que eso me daba, tomé el cuchillo y se lo clave en la panza deslizándolo hacia afuera, dejando ver sus viseras.
La imagen era muy fuerte, y no pude soportarlo, corrí lejos de allí pero de un mareo me caigo al suelo.
De repente, me despierto en un lugar oscuro, donde se podían escuchar susurros, gritos y quejidos, pero o había nadie a mi alrededor.
En ese instante, algo corría por mi pie, volteo hacia ello y observe un charco de sangre al mismo tiempo que el rostro ensangrentado del tipo apareció.  Me tomo del cuello y me ahogo en el charco de sangre.
Forcejee y pude liberarme, pero cuando mire hacia arriba una sombra descuartizaba a una mujer.
Me asuste. Salí corriendo pero ese lugar, pero no encontraba una salida. Algo me sujeto, no sabia lo que era, entonces sentí como un cuchillo se clavaba en mi pecho y mi alma salía de mi cuerpo.
Cuando reacciono, había mucho publico frente de mi. Un publico como un circo. Me observaban y me aplaudían. Miro detrás y un señor viejo manejaba mis movimientos.
Un titiritero, eso era, mi alma estaba dentro del cuerpo de un muñeco horrible. 
Al terminar los aplausos, me guarda en una caja;  sentí como mi alma volvía a mi verdadero cuerpo.
Al hacerlo, trate de escapar, pero la sombra me tomo de la mano y me dijo: "Te sigo donde sea, te vigilo donde sea, te sorprendo cuando menos lo imaginas".


Pero algo no me cierra. Al soltarme la mano aparecí aquí en mi casa, durmiendo, pero me levante solo para escribir lo que me sucedió.
No quería recordar nada. Volví a la cama y al cerrar mis ojos, algo comenzó a tomarme del brazo, luego tomo mis piernas. Grite.
En ese instante taparon mi boca. Mis ojos se cerraron y aparecí de nuevo en ese lugar, volteo y veo al tipo de la cara desfigurada que me decía:
"Te lo dije" con una voz macabra...




Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013

Una Palabra Olvidada...




Esto me pregunto muy a menudo.
¿Qué nos paso? ¿Por qué hemos cambiado? ¿Qué sucedió con esos juegos y esos amigos de siempre? ¿Qué paso con la FELICIDAD? ¿Que nos sucede como sociedad, tan rápido hemos caído en la maquiavelista tecnología actual?
Como personas tenemos la conciencia de los bueno, lo malo, lo que se debe o no hacer y eso lo transmitimos a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc. Pero de todas las cosas que aprendemos, de todas las cosas que transmitimos como enseñanza hacia los demás, nos olvidamos de algo. De dar a conocer algo verdaderamente importante, algo por o cual estamos obligados a tener, un derecho divino, que no se debe de quitar.
La FELICIDAD.
Hoy en día, vemos las noticias y  cada segundo escuchamos muerte, robo, violación, represarias,  protestas por derechos. Pero te haz preguntado ¿No les hará falta ser feliz?
Debes de pensar que esa es una pregunta estúpida, pero en realidad no. El hombre como tal vino al mundo a ser feliz a cumplir sus sueños, no vino a ser un esclavo mismo de las miles de propagandas brindadas por el sistema.
Antes podíamos ver a un hombre y su mujer felices, dando regalos como muñecas, pelotas a sus hijos, cosas con las que, como decirlo, te ensuciabas al jugar y eras de lo más feliz. De niño nada te preocupaba, todo era igual, no pensabas en los que los demás decían, tu cuerpo era tu cuerpo y no buscabas cambiarlo para entrar en un grupo. Solo jugabas con tus amigos de barrio, corrías por doquier manchándote la ropa y tu única preocupación era que tu mamá no se enoje si no respondías a sus gritos, sus llamados.
En ese tiempo solo ibas al baño, te bañabas, merendabas o cenabas y corrías a tu pieza a mirar la tele un rato hasta dormirte, pensando que al otro día todo iba a ser igual al anterior.
¿Qué nos sucedió? ¿Cómo pudimos haber perdido toda esa verdadera felicidad?
El marketing, las publicidades, las nuevas tecnologías nos transformaron en un ser al que solo veíamos en las películas, una bestia no pensante que se guiaba por el instinto; somo, con todo lo que nos rodea, un zombie. Personas que solo piensan en tener el último teléfono, tablet, computadora, play, juegos, etc.
Donde quedo eso de ser felices con poco. Ahora tu sales por la calle y ves a niños y niñas de siete años con teléfonos de ultima tecnología. Vas a una fiesta y no ves chicos corriendo alegres o adolescentes charlando del futuro o de algún libro interesante, solo observas estos Zombies tecleando en un aparato que no tiene sentido, comunicándose el uno con el otro sin darse cuenta que están cerca y que pueden hablar de frente.
Todos somos prisioneros de esto, y me incluyo. A veces te olvidas de hacer ciertas cosas, pero jamás te olvidas de tu teléfono.
Recuerdo que Jhon Lennon una vez dijo: "En la escuela me preguntaron que quería ser cuando sea grande. Yo conteste SER FELIZ. Me dijeron, no entendiste la pregunta. Y respondí, usted no entiende la vida."
No podría ser más claro, nadie entiende la vida. La gente espera mucho tiempo para el viernes, mucho tiempo para las vacaciones, mucho tiempo para viajar. Pero nadie espera ser feliz.
Comprendo que actualmente es difícil serlo, pero, por lo menos lo haz intentado.
Uno se da cuenta que no hay más felicidad cuando espera con ancianas la Navidad y se da cuenta que luego del brindis, todos se levantan de la mesa y se van. No festejan como antes, esos bailes en familia y esos juegos de cartas que amanecían.
YA NADA ES IGUAL.
Olvidamos de enseñar a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc; que sean FELICES.
Que si no logras cumplir un sueño, no te frustres, la vida sigue, el mundo seguirá girando, pero tu vida es una sola, no la desperdicies y se FELIZ, porque en verdad vale la pena... ya que no es bueno llegar a los 80 años sentarse en una silla y decir: "Hice mucho para llegar lejos, para tener todo, pero nunca luche por ser FELIZ"...




Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013