domingo, 29 de diciembre de 2013

Una Palabra Olvidada...




Esto me pregunto muy a menudo.
¿Qué nos paso? ¿Por qué hemos cambiado? ¿Qué sucedió con esos juegos y esos amigos de siempre? ¿Qué paso con la FELICIDAD? ¿Que nos sucede como sociedad, tan rápido hemos caído en la maquiavelista tecnología actual?
Como personas tenemos la conciencia de los bueno, lo malo, lo que se debe o no hacer y eso lo transmitimos a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc. Pero de todas las cosas que aprendemos, de todas las cosas que transmitimos como enseñanza hacia los demás, nos olvidamos de algo. De dar a conocer algo verdaderamente importante, algo por o cual estamos obligados a tener, un derecho divino, que no se debe de quitar.
La FELICIDAD.
Hoy en día, vemos las noticias y  cada segundo escuchamos muerte, robo, violación, represarias,  protestas por derechos. Pero te haz preguntado ¿No les hará falta ser feliz?
Debes de pensar que esa es una pregunta estúpida, pero en realidad no. El hombre como tal vino al mundo a ser feliz a cumplir sus sueños, no vino a ser un esclavo mismo de las miles de propagandas brindadas por el sistema.
Antes podíamos ver a un hombre y su mujer felices, dando regalos como muñecas, pelotas a sus hijos, cosas con las que, como decirlo, te ensuciabas al jugar y eras de lo más feliz. De niño nada te preocupaba, todo era igual, no pensabas en los que los demás decían, tu cuerpo era tu cuerpo y no buscabas cambiarlo para entrar en un grupo. Solo jugabas con tus amigos de barrio, corrías por doquier manchándote la ropa y tu única preocupación era que tu mamá no se enoje si no respondías a sus gritos, sus llamados.
En ese tiempo solo ibas al baño, te bañabas, merendabas o cenabas y corrías a tu pieza a mirar la tele un rato hasta dormirte, pensando que al otro día todo iba a ser igual al anterior.
¿Qué nos sucedió? ¿Cómo pudimos haber perdido toda esa verdadera felicidad?
El marketing, las publicidades, las nuevas tecnologías nos transformaron en un ser al que solo veíamos en las películas, una bestia no pensante que se guiaba por el instinto; somo, con todo lo que nos rodea, un zombie. Personas que solo piensan en tener el último teléfono, tablet, computadora, play, juegos, etc.
Donde quedo eso de ser felices con poco. Ahora tu sales por la calle y ves a niños y niñas de siete años con teléfonos de ultima tecnología. Vas a una fiesta y no ves chicos corriendo alegres o adolescentes charlando del futuro o de algún libro interesante, solo observas estos Zombies tecleando en un aparato que no tiene sentido, comunicándose el uno con el otro sin darse cuenta que están cerca y que pueden hablar de frente.
Todos somos prisioneros de esto, y me incluyo. A veces te olvidas de hacer ciertas cosas, pero jamás te olvidas de tu teléfono.
Recuerdo que Jhon Lennon una vez dijo: "En la escuela me preguntaron que quería ser cuando sea grande. Yo conteste SER FELIZ. Me dijeron, no entendiste la pregunta. Y respondí, usted no entiende la vida."
No podría ser más claro, nadie entiende la vida. La gente espera mucho tiempo para el viernes, mucho tiempo para las vacaciones, mucho tiempo para viajar. Pero nadie espera ser feliz.
Comprendo que actualmente es difícil serlo, pero, por lo menos lo haz intentado.
Uno se da cuenta que no hay más felicidad cuando espera con ancianas la Navidad y se da cuenta que luego del brindis, todos se levantan de la mesa y se van. No festejan como antes, esos bailes en familia y esos juegos de cartas que amanecían.
YA NADA ES IGUAL.
Olvidamos de enseñar a nuestros hijos, nietos, ahijados, sobrinos, etc; que sean FELICES.
Que si no logras cumplir un sueño, no te frustres, la vida sigue, el mundo seguirá girando, pero tu vida es una sola, no la desperdicies y se FELIZ, porque en verdad vale la pena... ya que no es bueno llegar a los 80 años sentarse en una silla y decir: "Hice mucho para llegar lejos, para tener todo, pero nunca luche por ser FELIZ"...




Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013