viernes, 10 de enero de 2014

20 Días



CAPÍTULO 8:




Día doce: La otra muerte.


Llegó a la escuela con nuevos aires. Se sentía como una nueva persona. Cuando se sentó en su banco estaba con una sonrisa de oreja a oreja. Todos miraban su expresión, no parecía el mismo Alejandro. Algo había pasado en su viaje como para que él se encontrara de esa forma.  Su madre no estaba  como profesora, esta vez era su padre. Hacía ya tres días que no lo veía, él no fue al viaje ya que según sus excusas tenía mucho trabajo por hacer y eso le quitaría tiempo.

Luis: Veo que estas muy feliz, Alejandro – dijo su padre – porque no nos cuentas como estuvo tu fin de semana.
Alejandro: Acaso uno no puede estar bien sin que otros preguntes – le respondió él con una mueca en el rostro pero con su  tono irónico al mismo tiempo – no pasó nada interesante – hizo una pausa y todos le quedaron viendo – solo, solo fue un viaje para pensar en mis acciones y meditar otras.
Luis: Entonces fue algo más, como decirlo, liberador.
Alejandro: Si, más o menos eso.
Luis: Bien – dijo asintiendo con la cabeza – bueno chicos, hoy estoy de reemplazo de la mamá de Ale, pero les daré una clase más Política acerca de la geografía.
Florencia: Que tiene que ver el control del gobierno con los niveles de altitud de las montañas – le escupió Florencia.
Luis: Vos SOS – miro la planilla – Florencia, cierto.
Florencia: No creo que haya otra en el curso – dijo.
Luis: Así que una alumna muy directa – contestó el profe – te hace falta un castigo, señorita.
Florencia: Y que usted diga la verdad.
Luis: No me conoces – musito nervioso.
Florencia: No es necesario conocer, para saber las actitudes de alguien – se levantó y se fue a la puerta – solo hay que mirar los ojos – se fue del salón.

Se podía agarrar la tensión en el salón. Alejandro quedo mirando la puerta como hipnotizada. Sabía que su padre escondía algo. Él creía en las palabras de Florencia, ella jamás mentía, eso sentía, como que ella no aparentaba ser lo que en realidad era, sino que algo más. Muchas sospechas, pero pocas afirmaciones.

Luis: Bueno, chicos – dijo – lamento el inconveniente. Donde estábamos?
Luna: En la Política de la Geografía, o algo así – aulló Luna.
Luis: Ha bueno, si…
Alejandro: Puedo ir al baño? – le interrumpió Alejandro, su hijo.
Luis:Si, si – dijo cuándo miraba la puerta.

Se levantó del banco. Y se fue. En el pasillo al finalizar la escalera, encontró a Florencia sentada. Sola. Mirando quien sabe qué cosa. Él se acercó a ella, no quería que se enojara, así que tomo la precaución de bajarla despacio, y con calma.

Alejandro: Sabes algo de mi padre, cierto? – le encaro.
Florencia: Por que insinúas eso?
Alejandro: No sé, tal vez por la mini discusión que tuvieron.
Florencia: ¿Por qué no vino tu madre? – le exclamo.
Alejandro: Estaba muy cansada, y no la culpo, en el campo ella ayudo mucho a su padre.
Florencia: Que bien – ella se puso de pie -  toma – le entrego una nota.
Alejandro: Qué es esto? – dijo sorprendido, aunque ya se imaginaba lo que era.
Florencia: Las instrucciones de la próxima víctima – respondió y luego se acercó a él – hazlo, y me verás mejor.
Alejandro: Veo que te gusta insinuarte cuando un hombre hace algo por ti.
Florencia: No eres un hombre, solo un nenito que obedece a una mujer, o casi mujer, como lo quieras decir.
Alejandro: Es Julieta, verdad?
Florencia:Sí, pero esta vez hazlo en otro lugar menos público.
Alejandro: En el salón de clase?
Florencia: Si quieres – ella se fue, y él quedo con la nota.
Subió escaleras arriba. Hizo un bollo al papel y lo guardo en el bolsillo de la campera. Entró al curso y todos estaban copiando lo que su padre escribió en el pizarrón.
Alejandro: Perdón por la demora – dijo.
Luis: No hay drama – contesto su padre.
Se acercó a su asiento y se sentó en él. Empezó a copiar la actividad. De pronto su amiga Ingrid empezó a susurrar una charla con él.
Ingrid: No fuiste al baño, verdad?
Alejandro: Como lo sabes? – se dio vuelta.
Ingrid: Instinto – dijo ella – en verdad te gusta la chica.
Alejandro: Algo así.
Ingrid: Algo me dice, que ella es muy peligrosa para ti.
Alejandro: El AMOR siempre nos hace correr riesgos.
Ingrid: Te noto cambiado, Ale – dice – y seguro que es ella.
Alejandro: Puede ser, pero te digo algo, más que cambiado estoy liberado.
Luis: SILENCIO – ordenó el profesor.

Se dio vuela y siguió en su mundo. Ingrid tenía sospechas desde el día en que Antonio les dijo la supuesta hipótesis. Miro hacia la venta y veía la bandera de su país flamear, ella en ese momento se dio cuenta que para hacerlo necesita del viento y que Alejandro si en verdad mató, necesitaba de ella. 



Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013-2014