lunes, 13 de enero de 2014

20 Días



CAPÍTULO 11:


Día quince: Dos muertes en un mismo día.


El resto del día anterior ninguno de los dos se acercó al colegio. Su madre estaba durmiendo en su habitación y él estaba en el living, preparando sus armas. Colocó en la mochila dos cuchillos diferentes. Uno para Julieta y el otro para su padre. La decisión estaba tomada, serían dos presas, dos pájaros muertos con un mismo tiro.

Se puso la mochila y se fue a la escuela caminando. Llegó cerca de la estación de servicio y dio un fuerte suspiro. Siguió sus pasos hasta el portón de la escuela. Entró y detrás de él venía su padre. En el momento en que subía las escaleras, lo paró. Notó que nadie venia de un lado o de otro.

Alejandro:¡¿Por qué?!, papá? – aulló
Luis: Mira, no tengo tiempo.
Alejandro: SOS un pedazo de hijo de…
Luis: No me insultes – interrumpió la frase.
Alejandro: Por lo menos ten el coraje de darle un último abrazo a tu hijo.
Luis: Bueno – se acercó y lo abrazó, en ese instante Ale saco el cuchillo y se lo clavo en el estómago.
Alejandro: Ahora vas a aprender – dijo y se fue.

El padre cayó al suelo y en un último suspiro murió.
Alejandro se fue al baño del colegio, se acercó a la puerta y todos sus compañeros bajaron de los salones desesperados. Dejó el cuchillo en los lavatorios y se fue. Salió por detrás e hizo que recién llegaba a la escuela. Preguntó desesperado que pasó. Nadie supo contestar.
En ese momento miró a Julieta. Se acercó a ella y le dijo…
Alejandro: Acompáñame.
Y ambos subieron al curso.

Julieta: Fuiste vos, verdad?
Alejandro: Sí.
Julieta: Era tu padre.
Alejandro: Ya no lo es más – Florencia llego.
Florencia: Ha, que bien, dos muertes en un mismo día – se reía.
Julieta: Los dos son unos asesinos.
Florencia: Yo no, el sí.
Alejandro: Solo sigo órdenes – dijo Ale.
Julieta: No tienes actitud propia.
Florencia:  Al contrario tiene mucha – respondió Flor
Julieta: Voy a gritar.
Alejandro: Como la nena que SOS – dijo Ale sonriendo.
Florencia: Mátala.
Alejandro: Con gusto.

Se acercó hacia Julieta. Él se abalanzó sobre su asesino, mal movimiento, no va a escapar así porque el cuchillo ya estaba clavado en su estómago. Florencia aplaudia y felicitaba. Alejandro se reía. Ambos se tomaron de las manos y bajaron las escaleras. Fueron con sus amigos. Todos estaban asustados. A lo lejos se escuchaba el sonido de la ambulancia y la policía. Los dos se miraron y decidieron seguir la corriente de lamentos.



Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013-2014