viernes, 3 de enero de 2014

Monólogo...



Es una historia que encontré rondando por alguna páginas de Facebook...




Estaba en el invierno de mi vida, y los hombres que conocí en la carretera fueron mi único verano. Por la noche me quedaba dormida imaginándome a mí misma bailando y riendo y llorando con ellos. Tres años enteros viajando sin rumbo, y el recuerdo de ellos era lo único que me mantenía a flote, mi único momento realmente feliz. Era una cantante, no muy famosa, que una vez soñó con ser poeta; pero una serie de catastróficas desdichas hizo añicos aquellos sueños y los dividió en millones de estrellas del cielo nocturno, brillantes y rotas, a las que pedía deseos sin parar. Pero lo cierto es que no me importaban, porque sabía que hace falta conseguir todo lo que quieres y después perderlo para saber lo que es la verdadera libertad.

Cuando la gente que conocía se enteró de lo que había estado haciendo y cómo había vivido, me preguntaron por qué. Pero no tiene sentido hablar con gente que pertenece a un sitio, porque no tienen ni idea de lo que es encontrar la seguridad en otras personas, y descubrir un hogar dondequiera que descanses tu cabeza.

Siempre fui una chica extraña, mi madre me decía que tenía alma de camaleón. Ningún tipo de moral ni personalidad establecida me señalaban el camino al norte. Solo una indecisión tan grande como el océano. Y si dijera que jamás planeé que fuera a terminar así estaría mintiendo, porque nací para ser la otra mujer. No pertenecí a nadie, sino a todos los que no tenían nada, que querían todo y sentían pasión por cada experiencia y una obsesión por la libertad que me aterrorizó hasta el punto de no poder siquiera hablar de ello; y me empujó hacia un estado nómada de locura que me deslumbró y me abrumó.

Todas las noches solía rezar por encontrar a mi gente, y finalmente lo hice en aquella carretera. No teníamos nada que perder, nada que ganar, ya nada deseábamos salvo convertir nuestras vidas en arte.

Vive rápido. Muere joven. Sé salvaje. Y diviértete.

Creo en lo que antes era América. Creo en la persona en la que me quiero convertir, creo en la libertad de la carretera. Y mi moto es la misma de siempre. Creo en la amabilidad de los extraños. Y cuando libro una batalla conmigo misma, conduzco. Simplemente conduzco.

¿Quién eres? ¿Conoces todas tus fantasías más oscuras?
¿Has creado una vida para ti mismo donde eres capaz de experimentarlas?
Yo sí.
Estoy jodidamente loca. Pero soy libre.