martes, 7 de enero de 2014

20 Días




CAPÍTULO 3:





Día tres: La trampa de la mujer



Como la escuela empezó un jueves, el fin de semana se acercó rápido. Alejandro estaba esperando la llegada de Florencia a su casa para hacer el trabajo. Su teléfono sonó, le llego un mensaje. Era de ella, él no entendió como la chica consiguió su número. El texto decía: < Te espero en la plaza, ven ya. Soy Flor >
Alejandro como todo un sumiso se fue de inmediato a la plaza. Cerca del monumento a San Martín, estaba ella. Lucia hermosa como siempre. Él pensaba en muchas cosas, y ninguna concordaba con su edad.

Florencia: Llegaste, que rápido – exclamo ella.
Alejandro: Sí, lo más rápido que pude.
Florencia: Así me gusta, que seas como yo quiero – dijo ella.
Alejandro: Hago lo que puedo.
Florencia: Vamos a dar una vuelta.
Alejandro: Vamos - respondió.
Florencia: Mira, si te dije que vengas es para decirte o mejor pedirte algo.
Alejandro: Que cosa – musito él.
Florencia: Si en verdad me amas…
Alejandro: Como sabes eso – le interrumpió
Florencia: Soy mujer, se todo – le contesto.
Alejandro: Eso asusta.
Florencia: Si – dijo – como decía, si en verdad me amas, tienes que hacer un trato como un contrato.
Alejandro: Algo como que, decime.
Florencia: Matar a alguien – aulló ella fríamente.
Alejandro: ¡Que! – dijo el asustado – estás loca o que.
Florencia: No estoy loca, si en verdad tú me quieres debes hacerlo y entonces sabrás quien me lleva en el auto – dijo – o acaso no me doy cuenta que vos me seguís, en la forma en que me miras, no soy idiota nene, soy una adolescente que se convierte en mujer – respondió alterada -  tal vez vos seas así pero yo no – le agarró del cuello – si me quieres por completo hazlo.
Alejandro: Suéltame – dijo – está bien lo haré, pero a quién mato – contesto sumiso.
Florencia: A nadie importante, solo a Juana
Alejandro: Juana Vega – le interrumpió – es buena chica.
Florencia: Pero a mí no me cae – dijo – entiende, no me gusta cómo me mira.
Alejandro: Bien, como lo hago.
Florencia: Toma – le dio un papel – léelo en tu casa, y sabrás como hacer el trabajo, si haces lo que yo digo, me vas a tener entera.
Alejandro: Bien – dijo y una sonrisa se dibujó en su cara.

Llego a su casa y leyó la nota. El domingo pasó rápido y llego el lunes. La mañana llego rápida y la tarde toco el cielo de Santo Tomé. Alejandro miraba fijamente a Juana, y en el paso la miraba a ella. No apartó su vista del cuerpo de la chica, ella volvió su cabeza hacia él y le dio una señal de okey. El asintió con la cabeza y levantó la mano.

Alejandro: Mamá – dijo, luego se retractó – digo, profe, puedo ir al baño.
Adriana: Si, Alejandro, como no.
Alejandro: Pero quiero que Juana me acompañe – todos en el curso empezaron a insinuar – para que me ayude y le avise si me pasa algo, estoy mareado.
Adriana: Para eso estoy yo – dijo Adriana – puedo ser tu profesora pero soy tu madre.
Alejandro: Pero…
Adriana: Nada – interrumpió – vamos te llevo a casa.

Lo tomó del hombro. El miro a Flor y ella le hiso una señal de muerte. Captó el mensaje. Cuando la madre le dejó afuera de la escuela. Él espero el horario de la salida, se encapucho bien y tomo la navaja. En ese instante recordó la nota.
< Tómala de sorpresa, cuando esté en tu poder clávale el cuchillo por la espalda, déjalo caer y dale 5 puñaladas más. No te vayas hasta que muera y en sus últimos suspiros muéstrate. Solo a ella >

Alejandro concluyó con el pedido. Juana yacía tirada en la vereda de enfrente. Todos se pusieron alrededor del cuerpo y se alarmaron. La mamá de Ale llego asustada, pero todo estaba concluido, aunque jamás se le paso por la mente que esto fue provocado por su propio hijo.
Florencia pasaba por la otra vereda. Miraba a todos acelerados y ella tenía una mueca dibujada en el rostro. De pronto vio que Julieta la miraba, ella sospechaba. Aunque ella tenía todo planeado, y quien sería su próxima víctima. 


 Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013-2014