miércoles, 8 de enero de 2014

20 Días



CAPÌTULO 4:





Día cuatro: Después de la muerte



Alejandro estaba sentado en una banca de la plaza. Su expresión era diferente, no estaba como todos los días con sus auriculares puestos escuchando rock. Sino que se encontraba inseguro de sí mismo.  Observaba la gente pasar, los niños jugando, y algún que otro tipo haciendo deportes al aire libre. Su rostro era de esa gente que no conseguía dormir. Su mente estaba dispuesta a recordarle por toda la vida el crimen que cometió.
Sus amigos llegaban a la plaza. Tenían una expresión de desolación y tristeza. La escuela estaba de luto al día siguiente. Y por tal motivo todos se encontraban respirando el aire puro del poco paisaje natural que los rodeaba.

Antonio: No puedo creer lo que paso – comenzó a decir Antonio.
Romina: Nadie lo puede creer – siguió Romina.
Ingrid: ¿Qué te pasa, Ale? – dijo Ingrid.
Alejandro: Nada, solo pienso un momento – hizo una pausa – y saben quién fue el culpable.
Ismael: Nadie lo sabe – musito Ismael, que apareció de la nada junto a su hermano – pero sospechan que fue la nueva
Alejandro lo miro fijo después de ese comentario.
Leonela: Todos lo dicen, pero yo no creo que haya sido ella – prosiguió su hermana, Leonela – ella estaba en el salón cuando todo pasó.
Alberto: En eso tiene razón – dijo Alberto.
Ismael: Según Julieta, ella estaba riéndose cuando todo pasó – comentó Ismael.
Alejandro: Son comentarios nada más – aulló Alejandro – nadie sabe lo que paso y de seguro nadie lo sabrá – en ese instante todos los amigos del colegio empezaron a llegar a la plaza.
Romina: Qué onda que todos están viniendo – largó Romina.
Ingrid: Ahora todos son caritativos – dijo Ingrid.
Gustavo: Yo no puedo creer lo que pasó – comento Gustavo.
Tadeo: Fue muy chocante, en verdad – siguió Tadeo.
Alejandro: Miren, no es por nada pero me tengo que ir, no puedo seguir con gente que habla de lo mismo, me pone mal, chau, después nos vemos – escupió Alejandro con un tono desesperado y sospechoso.
Raquel: No es para que te enojes – enfrentó Raquel
Julieta: Deja que se vaya, seguro él sabe sus razones – largó Julieta desconfiada.
Alejandro se alejó de todos ellos. Quería tener un instante solo para él. Lo estaba haciendo bien en la plaza, hasta que todos llegaron. Cerca de una heladería, se encontró con su padre.
Alejandro: Que hacess vos acá? – le dijo.
Luis: Nada… - contesto – solo espero a una mujer
Alejandro: Mujer?.
Luis: Sí, no pienses mal, es por trabajo, si me porto bien me ascienden.
Alejandro: A donde??, si SOS profesor.
Luis: Yo se mi cuento, hijo. Mira después hablamos sí.
Alejandro: Bueno entonces, y mamá?
Luis: Seguro está en la casa, anda con ella, está un poco afectada por la muerte de la niña.
Alejandro: Okey, ahora voy, nos vemos, chau
Luis: Chau.

Se alejó de la heladería. Sus pasos eran contados, parecía como esos niños que juegan a no pisar la raya de las baldosas que están que las veredas. Al llegar a la acera de la escuela, se paró y miró. Pensaba en lo que había hecho y  en como los demás actuarían si lo descubrieran. Se sentía sofocado por todo. Volteó su cabeza y vio la figura de Florencia acercándose a lo lejos. Esa imagen lo volvió a  la realidad y sus pies lo guiaron hasta el encuentro.

Florencia: Déjame adivinar, no aguantas la culpa – dijo ella, sin saludar.
Alejandro: Hola, se decía primero antes – contesto – y si, no aguanto la culpa.
Florencia: Que niño eres, en verdad no sabes complacer a una mujer.
Alejandro: Pero vos no SOS una mujer – aulló mientras ella se trataba de alejar – solo eres una controladora…
Florencia: Si soy así, porque me hiciste caso, he – escupió furiosa – o no  tiene suficiente cerebro como para saber tú mismo lo que es bueno y malo y controlar tus acciones.
Alejandro: Tienes razón, SOS tan zorra como todos dicen.
Florencia: Créeme, me tomo trabajo llegar hasta ese estigma – comento – y ahora que todos reconocen mis esfuerzos, por cada insulto de zorra lo tomo como un alago.
Alejandro: No sabes lo que decís.
Florencia: Si, si sé – le dijo apuñalando su pecho con su dedo – ahora sé también que vos harás cualquier cosa con tal de tenerme. Te dejo, alguien me espera en un lugar.
Alejandro: Bien, pero la próxima no te voy a hacer caso.
Florencia: Créeme – dijo dando vuelta hacia él – lo harás.
Alejandro: Y como?
Florencia: Porque en la segunda vez, me vas a tener – comento – pero para eso, somos amiguitos con sangre de por medio.

Florencia se alejó al decir esa oración. Alejandro la observaba. Ella tenía razón, el amor es más grande y el cegado por eso, hará lo mismo cada vez que ella le pidiera. Y eso dalo por hecho.
Tomó sus auriculares y se los colocó, y con un rock de por medio se olvidó de todo. Se alejó de la escuela, dispuesto a volver a cometer el crimen, pero no solo con las víctimas que ella le diga, sino también con ella. Ya o sentía culpa de nada.


Autor: Anibal R. Núñez. Todos los derechos reservados © 2013-2014